Pasando un domingo de febrero entre amigos, mi hijo se enamoró❤️ de un peluche de hombrecillo de galleta🍪 de jengibre que vivía en la casa rosa 🏠en la que nos encontrábamos. Desde que lo vió entre el resto de juguetes de su amiga no se separó de él. No tenía intención de llevárselo, sabía que no era suyo y no lo pidió, solo lo abrazaba🫂 y le decía lo mono 🐒 que era. Hicimos una búsqueda 🔍 rápida y en unos segundos ya teníamos fichado 📲 al gemelo idéntico de aquel magnífico especimen.
Apenas una semana después el cartero📨 llamó dos veces... pero no nos trajo el ansiado peluche, llamó para otras cosas no tan divertidas💸 que no vienen al caso. Pero esa misma semana llegó la notificación📬 que esperábamos. El peluche ya se encontraba en nuestro punto de recogida de confianza📦, algo que sale mas barato y así nos aseguramos que hay alguien cuando llegan las cosas.
Jengibrito está ya mas que instalado en casa. Nos acompaña a pasear🚶🏻, come en la mesa 🍽️, lee📖 con nosotros, juega 🎲con nosotros, ve la tele 📺 con nosotros... y por si fuera poco volvió un día del cole y se había matriculado en una escuela de cocina 👨🏾🍳. Ahora es aprendiz de cocinero y varios peluches mas han querido seguir sus pasos.
Mi hijo lleva tiempo interesándose por las recetas🍲 que hacemos en casa y queriendo participar cada vez mas.
Ahora, a parte de un niño, siempre hay al menos un peluche en mi cocina, queriendo aprender📝, participar y aportar ideas💡, lo que añade una capa extra de caos 🧨 a la divertida experiencia de cocinar con el pequeño de la casa.


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